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“Marca personal” en la universidad: construir desde hoy la carrera profesional del mañana

Se trata de un concepto que consiste en gestionar la imagen y reputación profesional que proyectamos en los demás. Lejos de ser un tema exclusivo para influencers o figuras públicas, debe comenzar a construirse desde el primer día en la universidad. 

En un contexto donde el mercado laboral se vuelve cada vez más competitivo y dinámico, surge una pregunta clave para los universitarios: ¿de qué sirve tener un promedio sobresaliente en la universidad si nadie te recuerda? Se trata de una reflexión que resume el espíritu del concepto de marca personal, una herramienta estratégica del marketing que gana fuerza entre los jóvenes profesionales.

La marca personal es una herramienta de marketing aplicada al desarrollo individual que consiste en gestionar de forma consciente y coherente la imagen y reputación profesional que proyectamos en los demás. Lejos de ser un tema exclusivo para influencers o figuras públicas, la marca personal es “lo que los demás dicen de ti cuando no estás presente”, y debe comenzar a construirse desde el primer día en la universidad. “Las notas son importantes, claro. Pero cuando busco talento para mi empresa, me fijo más en quién eres que en cuánto sacaste. ¿Qué más hiciste además de ir a clases? ¿Desarrollaste alguna iniciativa extracurricular? Esa es la gente que queremos”, comentó Ariel Jeria, gerente general de Rompecabeza Digital.

Más allá de las calificaciones: visibilidad con propósito

En Chile, el ecosistema de marketing ha evolucionado hacia la valorización de habilidades blandas, autenticidad y diferenciación personal. En ese sentido, las empresas no sólo buscan buenos promedios, sino también profesionales con capacidad de liderazgo, trabajo en equipo y proactividad.

Jería estima que la universidad es mucho más que un espacio académico: es un escenario de ensayo para la vida laboral. “Todo cuenta: la actitud, el compromiso, cómo enfrentar desafíos y cómo colaborar con otros”, sostiene. Actividades como ayudantías, proyectos estudiantiles, voluntariados o incluso emprendimientos personales se transforman en elementos clave para nutrir una narrativa coherente sobre quiénes somos y hacia dónde vamos.

Oportunidades que se crean, no que se esperan

Pedro Pablo Vásquez Latapiat, estudiante de quinto año de ingeniería comercial en la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) y parte de la comisión de Innovación y Emprendimiento UC, lo vive de primera mano: “Las oportunidades no llegan solas; muchas veces hay que crearlas. Hay que tener una visión clara y saber leer el entorno para encontrar espacios donde aportar y crecer”. Con experiencias que incluyen un intercambio en IE University Madrid y su rol como ayudante en el curso de Innovación y Cambio Climático, Vásquez demuestra cómo las redes y la participación activa pueden amplificar una marca personal potente.

En este sentido, Jeria enfatiza la importancia de buscar experiencias laborales tempranas, ya sea mediante prácticas, trabajos part-time o colaboración en proyectos reales. “Cada experiencia suma. Lo importante es que te alinee con la imagen profesional que quieres construir”, afirma.

Un llamado a la acción: construir desde hoy

Chile se encuentra en un momento clave de transformación digital y cultural, donde los jóvenes pueden ser protagonistas del cambio si logran posicionarse estratégicamente. La marca personal no es una moda pasajera, sino una herramienta esencial para destacar en un entorno donde la visibilidad, la autenticidad y el valor agregado hacen la diferencia.

“La universidad es un primer escenario profesional”, concluye Jeria. “No esperes al título para comenzar a demostrar quien quieres ser. Aprovecha ese tiempo para construir algo más valioso que solo buenas notas: construye tu identidad y tu primera red de contactos”.

Tips para construir la marca personal en la universidad

Definir un propósito profesional
Se debe pensar en temas de interés, qué impacto se quiere generar y cómo alguien quiere ser percibido. Puedes experimentar pero aprovecha de explorar donde quieres desarrollarte. 

Participar activamente del entorno universitario
Ayudantías, voluntariados, intercambios, centros de alumnos o proyectos extracurriculares son excelentes espacios para desarrollar habilidades y visibilizar compromiso.

Cuidar la huella digital
Se debe asegurar que las redes sociales (especialmente LinkedIn) reflejen una imagen profesional y auténtica. Lo ideal es compartir contenido de valor, mostrar logros y conectar con personas afines.

Construir redes (networking)
Es bueno relacionarse con compañeros, profesores y egresados. Muchas oportunidades laborales nacen de una buena conversación o una conexión inesperada.

Buscar experiencias tempranas
Prácticas, pasantías, trabajos part-time o emprendimientos pequeños otorgan contenido real para el CV y ayudan a posicionarse como alguien activo y con iniciativa.

Desarrollar habilidades blandas
Aprender a comunicar, escuchar, liderar y colaborar son competencias que marcan la diferencia en entrevistas y en el día a día profesional.

Ser coherente y auténtico
No se trata de “vender” una imagen falsa. La marca personal debe representar lo que realmente se es y hacia dónde queremos crecer.

Cómo sacar el máximo rendimiento y liderar sin fundir al equipo

Un desafío complejo del liderazgo no está en exigir más, sino en sostener el rendimiento sin destruir la confianza del equipo. Aunque parece contraintuitivo, muchas veces la clave no está en corregir más o gritar más alto, sino en destacar lo que se hace bien.

He jugado básquetbol en varios equipos federados y amateurs hace 30 años. Sin embargo, la forma en que lideran los procesos algunos entrenadores es radicalmente distinta. He tenido los que se enfocan en remarcar errores, corrigen con dureza y rara vez elogian. Otros en cambio reconocen, celebran y corrigen con balance. Ambos logran resultados, pero las diferencias son evidentes: en un tipo de liderazgo se avanza con tensión, en el otro se progresa con alegría. La experiencia dicta que cuando se busca rendimiento sostenido, el combustible es la confianza, no el miedo.

Aquí entra en juego el conocido Ratio de Losada, una proporción identificada por el investigador Marcial Losada que muestra cómo las interacciones positivas versus las negativas afectan el desempeño de un equipo. Según su investigación, los equipos de alto rendimiento tienen al menos 3 interacciones positivas por cada una negativa. Cuando esa proporción se reduce, también lo hace la efectividad del grupo. Por debajo de ese umbral, se erosiona la moral y comienza el desgaste. Y si bien es cierto que el exceso de positividad también puede llevar a una falsa sensación de progreso, la proporción crítica para el equilibrio está bien definida.

Liderar no es sólo corregir; es construir. Y en equipos que tienen talento -que no son mediocres- el verdadero reto está en cómo llevarlos al siguiente nivel o mantenerlos en el tiempo sin socavarlos en el intento. Se requiere algo más que estrategia y entrenamiento: se necesita confianza, apoyo mutuo, sentido de pertenencia. Cuando se pierde eso y sólo se presiona y corrige, lo que se rompe es la relación entre las personas.

Un equipo fundido no es uno que pierde partidos o baja las ventas. Es uno que, aunque gane, ya no quiere jugar en conjunto. Que empieza a ir por inercia. Que cumple, pero no crea. Y eso, tarde o temprano, se paga.

El liderazgo efectivo no evita los momentos incómodos ni las conversaciones difíciles, pero los equilibra con reconocimiento, sentido de propósito y validación. Porque nadie florece en la crítica permanente, como ninguna flor crece en el asfalto: necesita tierra fértil, agua y también sol.

El fin no justifica los medios. Llegar a la meta no vale la pena si en el camino no hubo alegría, aprendizaje o camaradería. Si un equipo se somete a presión todo el año, no basta con celebrar el resultado. Hay que celebrar el proceso: los entrenamientos con frío, los partidos difíciles, las conversaciones post partido, el famoso “tercer tiempo”. Porque incluso si no se alcanza el primer lugar, el crecimiento y la satisfacción pueden ser enormes.

Construir un equipo ganador no es solo cuestión de técnica o talento. Es saber cuándo apretar y cuándo soltar, cuándo corregir y cuándo celebrar. Porque el liderazgo, al final del día, no se mide solo en resultados, sino en cuántas personas están dispuestas a seguir caminando contigo.