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Innovar no siempre es inventar algo nuevo

Cuando fundamos Rompecabeza en 2016, el mercado ya estaba lleno de agencias de marketing digital. Lo que nos diferenció desde el primer día fue una convicción que entonces no era tan común: que la creatividad sin datos no es suficiente. Nuestra propuesta siempre fue conectar las ideas con las métricas de negocio, medir lo que importa y tomar decisiones basadas en evidencia. Diez años después, esa orientación sigue siendo el núcleo de lo que hacemos. El desafío permanente es otro: demostrar expertise, mostrar proactividad y conocer las industrias en las que operamos. Eso es lo que los clientes realmente valoran, y es el estándar al que nos seguimos exigiendo.

Ese camino dio origen a REVO, el ecosistema que hemos construido. El año 2019 surgieron Soul y MIND: Soul ha evolucionado hacia la comunicación B2B y la reputación corporativa, mientras que MIND tiene una orientación clara hacia los datos, los experimentos de negocio y el growth. El año 2024 sumamos dos nuevas verticales: Hera, especializada en influencer marketing, y Deepcode, enfocada en el desarrollo de software. Cada una tiene su propio enfoque y sus propios clientes, pero comparten una misma cultura y una misma convicción: que se puede hacer diferente lo que ya existe.

No todos los proyectos salieron bien. Invertimos en Marketchef, un restaurante que no prosperó. Lanzamos Gin Elemental, una ginebra artesanal chilena que acumuló 16 medallas internacionales, que tuvo el honor de ser reporteada por el New York Times, y que sin embargo no logró escalar como empresa. Creamos anteojos Freen y la tienda de moda online Shop The Label, que cerró este año. Cada uno de esos intentos dejó algo: aprendizajes, cicatrices, y la certeza de que emprender implica apostar sabiendo que no todas las apuestas ganan. El Gin Elemental es quizás el caso que más nos interpela, porque el producto era extraordinario y el reconocimiento fue real. Pero tener un buen producto no siempre es suficiente. Eso también es parte del camino.

Lo que nos ha quedado claro con los años es que la innovación adopta formas muy distintas. Depto51 no inventó los muebles ni el diseño de interiores. Pero sí fue el primero en Chile en construir su marca a través de un blog, en una época en que nadie usaba ese canal para vender espacios. Ese blog se convirtió en el mayor referente de diseño de interiores del país y desde ahí redirigieron todo ese tráfico a su tienda online. No innovaron en el producto, innovaron en cómo llegar a sus clientes. Starbucks, por su parte, no inventó el café. Entró a uno de los mercados más tradicionales y saturados que existen, el de las cafeterías, y lo transformó completamente cambiando el espacio, la experiencia y la relación que las personas tienen con ese momento cotidiano. Lo que vendió no fue una taza: fue un lugar al que pertenecer.

Esos dos casos resuenan con lo que hemos intentado construir en REVO. No llegamos con un producto que nadie conocía. Llegamos con una manera distinta de entender la relación con los clientes, de combinar estrategia con ejecución, de construir consultoras con cultura compartida pero identidades propias. Eso también es innovar.

El 21 de abril, Día Mundial de la Creatividad e Innovación, es una buena oportunidad para ampliar esa definición. Innovar no requiere un laboratorio ni un invento disruptivo. Requiere la disposición de mirar lo que ya existe y preguntarse si hay una manera mejor de hacerlo. Y también requiere tolerancia al fracaso, porque muchas veces el camino hacia esa manera mejor está lleno de intentos que no resultan. Eso no es el opuesto de la innovación. Es parte de ella.